¡LÁNZATE AL AGUA!

Uno de los pensamientos que me gusta tener en cuenta y repetir es el escrito por John Ortberg: “Hay muchas razones para salir del barco, pero la principal es que Jesús está en el agua”. Estando dentro del barco se corren menos riesgos, pero la atención, los cuidados, los milagros de Dios, su misericordia y amor, están esperándonos afuera, en el único lugar donde se puede crecer si tenemos la vista puesta en Jesús. (Ante todo Cristiana. Pág.275)

Cuando Elena Harmon nació ya habían en ese hogar cuatro hermanas y dos hermanos. La familia aumentó rápidamente en dos personas más, ya que Elena nació con una hermana melliza, Elizabeth. Los padres de estas niñas eran granjeros, campesinos, que sembraban y recogían los granos de la tierra para sobrevivir, pero no siempre fue así. Los grandes cambios políticos, religiosos, económicos y culturales de una nación (E.U) que había sido tierra de granjeros y ahora era una nación de muchas ciudades complicaron la vida de la familia. Elena fue herida, no pudo continuar sus estudios, era muy débil y enfermiza, pero en su interior y como resultado de cultivar una gran fe en Jesús, lo descubrió como su gran Salvador y Redentor y decidió salir del barco y lanzarse al agua al ser llamada por Dios para ser su mensajera.

Melanie era una chica de catorce años cuando empezó a darse cuenta del desastre que era su hogar. “Somos muchos pensaba…nuestro padre no aparece, nuestra madre casi no la vemos, dice estar trabajando casi todo el tiempo, pero los recursos no se ven. Hay hambre, frío, malos tratos, no hay esperanza”. Melanie, quien comenzó a trabajar desde los trece años con un permiso especial que daba el gobierno a los menores de edad, un día se encontró frente a un salón grande donde había mucha gente y a donde fue invitada a entrar. ¡Era una iglesia Adventista!. Las verdades de la Palabra y el conocimiento de Jesús transformaron la vida de esta joven y le dieron un motivo para vivir. Se sintió llamada por el Señor, dejó el barco y decidió lanzarse al agua con Jesús.

Cristina comentaba con gran entusiasmo la conversión de su esposo después de 32 años de estar orando por él. En otro lugar, vimos lágrimas de emoción en los rostros ansiosos de mujeres que valoraron cuán grande es el amor de Dios al perdonarnos y cómo el perdonar a otros es la mejor medicina para el alma y tener paz.

Esto y mucho más es el Ministerio de la Mujer. Es que la mujer en la iglesia conozca y dé a conocer la verdad de la Palabra (mensajeras de Dios), es atender el llamado del Señor usando sus dones y talentos en el servicio a Dios y a los demás, es hacer algo por el que llora, el que sufre, el que llega a la iglesia, es hacer un ministerio de amor por los niños y los hogares, es llevar una vida de oración basada en una fe inquebrantable, es hacer que cada mujer se sienta bien, crezca y goce de un sano compañerismo y amistad.

Es convertirse en el hombro para los que sufren o están desanimados.

Es perdonar y enseñar a perdonar para tener paz. Es compartir la alegría de la salvación. Es sonreir y estar agradecidas por ser llamadas HIJAS DE DIOS.

¡HAZ PARTE DE ESTE MINISTERIO. INVOLÚCRATE Y LÁNZATE AL AGUA. TENDRÁS OPORTUNIDAD DE CRECER CON LOS OJOS PUESTOS EN JESÚS!

El Señor dice: “Antes de formarte en el vientre ya te había elegido” Jeremías 1:5 “Todos somos Hijos e Hijas de Dios, mediante la fe en Cristo Jesús” Gálatas 3:26

Lily de Arias